domingo, 14 de diciembre de 2014

Jorge Manrique: Coplas por la muerte de su padre.

IRecuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer;
cómo después de acordado
da dolor;
cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Recuerde: Recobre la conciencia al despertar. Que despierten las almas que viven soñando y no son conscientes de la realidad.



Cómo el recordar el placer (pasado) da dolor.
IIPues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.
Y puesto que vemos cómo lo presente es ido y acabado en un punto (en nada de tiempo), si juzgamos sabiamente, consideraremos a lo que ha de venir como si ya hubiera pasado.
IIINuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.












Los ríos caudalosos.




Al llegar al mar (a la muerte) son iguales los que se ganan la vida con el trabajo de sus manos y los ricos.










IVDejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
A Aquel sólo me encomiendo,
Aquel sólo invoco yo
de verdad,
que, en este mundo viviendo,
el mundo no conoció
su deidad.
No voy a acordarme aquí de los poetas y oradores paganos, no me preocupo de sus ficciones, pues el sabor de su arte procede de hierbas secretas (venenos).



Sólo me encomiendo a Jesucristo, que mientras vivió en el mundo, el mundo no se dio cuenta de que era Dios.
VEste mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos.

VIEste mundo bueno fue
si bien usásemos dél,
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que atendemos.
Y aun aquel Hijo de Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá entre nos
y a vivir en este suelo
do murió.
Este mundo fue[ra] bueno si lo usásemos bien, como debemos, es decir, si lo usáramos para probar nuestra virtud y ganarnos así el cielo, para ganar el mundo que esperamos.
VIIVed de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor
aun primero que muramos
las perdemos.
De ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

El tiempo y los desastres las dehacen, y desfallecen cuando se encuentran en los más altos estados de calidad.
VIIIDecidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.
Pararse es volverse, convertirse. ¿cuál se para? es ¿cómo acaba siendo?
IXPues la sangre de los godos,
el linaje y la nobleza
tan crecida,
¡por cuántas vías y modos
se sume su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuán bajos y abatidos
que los tienen!
Otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.
Se sume: se hunde.

Unos de aquellos por los que corre la noble sangre goda, debido a su debilidad, son considerados bajos y abatidos (caídos en desgracia). Otros, por su pobreza, han de mantenerse con oficios impropios de su nobleza.
XLos estados y riqueza,
que nos dejen a deshora
¿quién lo duda?
No les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda,
que bienes son de Fortuna,
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una,
ni ser estable ni queda
en una cosa.
¿Quién duda que los estados y la riqueza nos dejan a deshora?
Los estados y la riqueza son bienes de la Fortuna, deidad inconstante que hace girar su rueda, haciendo que suban los que están bajo y bajen los que están arriba. La Fortuna no puede ser una misma (constante) en una misma cosa.
XIPero digo que, acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño,
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa,
como sueño,
y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.
Pero digo que [aunque] los bienes de Fortuna lleguen hasta la tumba con su dueño, por eso no han de engañarnos, pues, aun así, lo cierto es que la vida se va deprisa, como un sueño, y los deleites de acá en los que nos deleitamos, son temporales, mientras que los tormentos que nos esperan en el infierno (si nos complacemos en los bienes de Fortuna en detrimento de los bienes espirituales) son eternos.
XIILos placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos:
No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
des que vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.
Trabajada: trabajosa.

Corredores: exploradores, centinelas, que no descubren la emboscada: corremos precipitadamente y cuando vemos el engaño ya no hay espacio para dar la vuelta.
XIISi fuese en nuestro poder
tornar la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan gloriosa
angelical,
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos cada hora,
y tan presta
en componer la cautiva,
dejándonos la señora
descompuesta!
Si pudiéramos embellecer nuestra cara como podemos, si queremos, hacer gloriosa el alma, nos pasaríamos el tiempo adornando la cautiva (la cara) dejando a la señora (el alma) sin arreglar.
XIVEstos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas.
Así que no hay cosa fuerte,
que a Papas y Emperadores
y Prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados.
Las buenas venturas de estos reyes poderosos fueron trastornadas con casos tristes.
XVDejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos,
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias;
no curemos de saber
lo de aquel siglo pasado,
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

XVI¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención
como trujeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras,
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?
¿Qué fueron sino verduras
de las eras?
Juan II de Castilla
XVII¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?
Ropas chapadas: adornadas.
XVIIIPues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcanzaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
se le daba!
Mas verás cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró,
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!
Enrique IV de Castilla.


Halaguero: halagüeño.
XIXLas dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas,
los enriques y reales
del tesoro,
los jaeces y caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?
Fabridas: pulidas.
XXPues su hermano, el inocente
que en su vida sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
que le siguió!
Mas como fuese mortal,
metiólo la muerte luego
en su fragua,
¡oh juicio divinal!
Cuando más ardía el fuego,
echaste agua.
Alfonso, proclamado Alfonso XII en vida de Enrique IV
XXIPues aquel gran Condestable
Maestre que conocimos,
tan privado,
no cumple que dél se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿que fueron sino pesares
al dejar?
Álvaro de Luna

Privado: que disfruta de privanza o favor de un poderoso (en este caso de Juan II).
XXIIPues los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alta fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad,
que cuando más encendida
fue matada?
Juan Pacheco, maestre de Santiago, y Pedro Girón, maestre de Calatrava.

Matar la luz es apagarla.
XXIIITantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes,
y barones,
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las atierras
y deshaces.
Aterrar: tirar a tierra.
XXIVLas huestes innumerables,
los pendones y estandartes,
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
cuando tú vienes airada
todo lo pasas de claro
con tu flecha.
Impugnables: inexpugnables.

Cava chapada: foso defendido, guarnecido.

Reparo: precaución.
XXVAquél de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el Maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente,
sus grandes hechos y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros,
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.
Ni los quiero exagerar, pues todo el mundo sabe cómo fueron.
XXVI¡Qué amigo de sus amigos!,
¡qué señor para criados
y parientes!,
¡qué enemigo de enemigos!,
¡qué maestre de esforzados
y valientes!,
¡qué seso para discretos!,
¡qué gracia para donosos!,
¡qué razón!,
¡cuán benigno a los sujetos!,
y a los bravos y dañosos,
¡qué león!

XXVIIEn ventura Octaviano,
Julio César en vencer
y batallar,
En la virtud, Africano,
Aníbal en el saber
y trabajar,
En la bondad un Trajano,
Tito en liberalidad
con alegría,
En su brazo, Aureliano
Marco Atilio en la verdad
que prometía.

XXVIIIAntonio Pío en clemencia,
Marco Aurelio en igualdad
del semblante,
Adriano en la elocuencia,
Teodosio en humanidad
y buen talante,
Aurelio Alejandro fue
en disciplina y rigor
de la guerra,
un Constantino en la fe,
Camilo en el gran amor
de su tierra.

XXIXNo dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas,
ni vajillas,
mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas.
Y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron,
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

XXXPues por su honra y estado
en otros tiempos pasados
¿cómo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
Después que hechos famosos
hizo en esta dicha guerra
que hacía,
hizo tratos tan honrosos,
que le dieron aun más tierra
que tenía.
¿Cómo se hubo?: ¿En qué situación se vio?
XXXIEstas sus viejas historias
que con su brazo pintó
en juventud,
con otras nuevas victorias
ahora las renovó
en senectud.
Por su gran habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la gran caballería
de la Espada.

XXXIIY sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló,
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal,
y en Castilla quien siguió
su partido.
El rey natural era primero Alfonso XII y ahora Fernando el Católico. El servicio que Rodrigo Manrique le prestó lo puede atestiguar Alfonso V de Portugal, que fue derrotado por los castellanos.
XXXIIIDespués de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta
Poner la vida al tablero: arriesgarse, jugársela.

El rey verdadero es, de nuevo, Fernando el Católico.
XXXIVdiciendo: «Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
por sufrir esta afrenta
que os llama.

XXXVNo se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de fama tan gloriosa
acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal,
ni verdadera,
mas, con todo, es muy mejor
que la vida terrenal,
perecedera.

XXXVIEl vivir que es perdurable,
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable,
en que moran los pecados
infernales,
mas los buenos religiosos,
ganánlo con oraciones
y con lloros,
los caballeros famosos
con trabajos y aflicciones
contra moros.

XXXVIIY pues vos, claro varón,
tanta sangre derramasteis
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis
por las manos.
Y con esta confianza
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera,
ganaréis.»

XXXVIII«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo.
Y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.»
Ahora don Rodrigo responde a la Muerte.
XXXIXTú que por nuestra maldad
tomaste forma servil
y bajo nombre;
Tú que en tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
Tú que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia,
me perdona.

XLAsí, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer,
Y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio,
el cual la ponga en el cielo
y en su gloria,
y aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.
Murió conservando todo su entendimiento y sus sentidos, rodeado de su familia.

NOTAS:  La ortografía ha sido modernizada salvo en los casos en que ello hubiera alterado la rima o la medida de los versos. Téngase presente que algunas haches eran originalmente efes, por lo que impiden la formación de un diptongo.

En cuanto a la medida de los versos, las estrofas son coplas de pie quebrado, de modo que cada verso tetrasílabo se mide a menudo junto al octosílabo que lo precede. Así, si éste acaba en palabra aguda, el verso siguiente puede tener una sílaba más. (P.ej.: que van a dar en la mar, que es el morir. Doce sílabas en total). También se pueden formar sinalefas entre un octosílabo y un tetrasílabo. (P.ej.: se sume su gran alteza en esta vida. Doce sílabas en total).

domingo, 30 de noviembre de 2014

                                             DESTINO GNOSEOLANDIA   

                                                  Gracias, M. Bunge, por trazar
                                                  una ruta racional
                                                  que facilita a la mente
                                                  acercarse al mundo real.

                                                  La divides en etapas,
                                                  factibles  y pertinentes,
                                                  que aconsejas recorrer
                                                  con medios eficientes.

                                                  En los parajes abruptos
                                                  eliges el recorrido
                                                  que en estudios empíricos
                                                  más soportes ha obtenido.

                                                  Exiges pasos lógicos
                                                  para poder avanzar
                                                  ya que una contradicción
                                                  puede el camino borrar.

                                                  Mandas usar los conceptos
                                                  con mucha precisión,
                                                  así no queda borrosa
                                                  ninguna indicación.

                                                  No las hay en los cruces
                                                  pues claramente confías
                                                  que dudar y justificar
                                                  ya son suficientes guías.

                                                  La acabas en un lugar
                                                  en construcción permanente
                                                  y en donde todo se ve
                                                  de manera coherente.

                                                                         Juan Bosch Florit
                                                                         Noviembre 2014




                                       
  



                                                     DESTÍ GNOSEOLÀNDIA

                                                     Gràcies, M. Bunge, per traçar
                                                     una ruta racional
                                                     que facilita a la ment
                                                     apropar-se al món real.

                                                     La parteixes en etapes,
                                                     factibles i pertinents,
                                                     que aconselles recórrer
                                                     amb mitjans eficients.

                                                     En els paratges abruptes
                                                     tries  el recorregut
                                                     que en estudis empírics
                                                     més suports ha obtingut.

                                                      Exigeixes passos lògics
                                                      per a poder avançar
                                                      ja que una contradicció
                                                      pot el camí esborrar.

                                                      Manes usar els conceptes
                                                      amb molta precisió,
                                                      així no queda borrosa
                                                      ni una senyalització.

                                                      En les cruïlles no n’hi ha
                                                      perquè  clarament confies
                                                      que dubtar i justificar
                                                      ja són suficients guies.

                                                      L’acabes en un indret
                                                      en construcció permanent
                                                      i a on tot es percep
                                                     de manera coherent.

                                                                            Juan Bosch Florit
                                                                             Novembre 2014






                      

domingo, 26 de octubre de 2014



Salmo 104 
El tema de este bellísimo himno es la obra de Dios en la creación. El poema presenta una semejanza notable con un himno egipcio al dios Sol, proveniente del siglo XIV a. C. Más evidente aún es su relación con el primer capítulo del Génesis. Sin embargo, el salmista utiliza sus fuentes de inspiración con una gran libertad y originalidad. Se describe al universo visible como una realidad desbordante de movimiento y de vida, que refleja, hasta en los detalles más ínfimos (vs. 17-18, 21), el poder y la sabiduría del Creador.


LA GLORIA DE DIOS EN LA CREACIÓN

El espacio celestial

1 Bendice al Señor, alma mía: 
¡Señor, Dios mío, qué grande eres! 
Estás vestido de esplendor y majestad 
2 y te envuelves con un manto de luz. 
Tú extendiste el cielo como un toldo 
3 y construiste tu mansión sobre las aguas. 
Las nubes te sirven de carruaje 
y avanzas en alas del viento. 

4 Usas como mensajeros a los vientos, 
y a los relámpagos, como ministros. 


La tierra y las aguas

5 Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: 
¡no se moverá jamás! 

6 El océano la cubría como un manto, 
las aguas tapaban las montañas; 
7 pero tú las amenazaste y huyeron, 
escaparon ante el fragor de tu trueno. 

8 Subieron a las montañas, bajaron por los valles, 
hasta el lugar que les habías señalado: 
9 les fijaste un límite que no pasarán, 
ya no volverán a cubrir la tierra. 

Las fuentes y las lluvias

10 Haces brotar fuentes en los valles, 
y corren sus aguas por las quebradas. 

11 Allí beben los animales del campo, 
los asnos salvajes apagan su sed. 

12 Las aves del cielo habitan junto a ellas 
y hacen oír su canto entre las ramas. 

13 Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras. 


Los frutos de la tierra

14 Haces brotar la hierba para el ganado 
y las plantas que el hombre cultiva, 
para sacar de la tierra el pan 
15 y el vino que alegra el corazón del hombre, 
para que él haga brillar su rostro con el aceite 
y el pan reconforte su corazón. 

16 Se llenan de savia los árboles del Señor, 
los cedros del Líbano que él plantó; 
17 allí ponen su nido los pájaros, 
la cigüeña tiene su casa en los abetos; 
18 los altos peñascos son para las cabras, 
y en las rocas se refugian los erizos. 


El día y la noche

19 Hiciste la luna para medir el tiempo, 
señalaste al sol el momento de su ocaso; 
20 mandas la oscuridad, y cae la noche:
entonces rondan las fieras de la selva 
21 y los cachorros rugen por la presa, 
pidiendo a Dios su alimento. 

22 Haces brillar el sol y se retiran, 
van a echarse en sus guaridas: 
23 entonces sale el hombre a trabajar, 
a cumplir su jornada hasta la tarde. 

24 ¡Qué variadas son tus obras, Señor! 
¡Todo lo hiciste con sabiduría, 
la tierra está llena de tus criaturas! 

El mar y sus habitantes

25 Allí está el mar, grande y dilatado, 
donde se agitan, en número incontable, 
animales grandes y pequeños. 

26 Por él transitan las naves, y ese Leviatán 
que tú formaste para jugar con él.

La Providencia universal de Dios

27 Todos esperan de ti 
que les des la comida a su tiempo: 
28 se la das, y ellos la recogen; 
abres tu mano, y quedan saciados. 

29 Si escondes tu rostro, se espantan; 
si les quitas el aliento, 
expiran y vuelven al polvo. 

30 Si envías tu aliento, son creados, 
y renuevas la superficie de la tierra. 


Doxología final

31 ¡Gloria al Señor para siempre, 
alégrese el Señor por sus obras! 

32 Él mira, y la tierra se estremece; 
toca las montañas, y echan humo. 

33 Cantaré al Señor toda mi vida; 
mientras yo exista, celebraré a mi Dios: 
34 que mi canto le sea agradable, 
y yo me alegraré en el Señor. 

35 Que los pecadores desaparezcan de la tierra 
y los malvados ya no existan más. 
¡Bendice al Señor, alma mía! 
¡Aleluya!
 






El Himno a Atón se considera una obra magistral de la literatura religiosa. Este canto de amor y entusiasmo, el más vibrante que haya legado la literatura del Antiguo Egipto, pudo haber sido compuesto por Ajenatón, hacia 1360 a. C., aunque posiblemente no fuese redactado por el faraón en persona, pues rememora textos de plegarias más antiguas que glorificaban aOsiris o Amón en los mismos términos.
Se encontraron varias versiones parecidas en las sepulturas de los dignatarios de Ajetatón, aunque el documento más completo, el llamado Gran Himno a Atón, procede de la tumba del faraón Ay.

GRAN HIMNO A ATÓN 
¡Apareces resplandeciente en el horizonte del cielo, 
oh Atón vivo, creador de la vida! 
Cuando amaneces en el horizonte oriental, 
llenas toda las regiones con tu perfección. 
Eres hermoso, grande y brillante. 
Te elevas por encima de todas las tierras. 
Tus rayos abarcan las regiones 
hasta el límite de cuanto has creado. 
Siendo Ra alcanzas sus límites, 
y los dominas para este hijo bienamado por ti. 
Por lejos que te encuentres, tus rayos siempre están sobre la tierra; 
aunque se te vea, tus pasos se desconocen. 
Cuando te ocultas por el horizonte occidental, 
la Tierra se oscurece como si llegara la muerte. 
Se duerme en los aposentos, con las cabezas cubiertas, 
y lo que un ojo hace no lo ve el otro. 
Aunque fueran robados sus bienes, 
que están bajo sus cabezas, 
los hombres no se percatarían. 
Todos los leones salen de su guarida, 
todas las serpientes muerden, 
la oscuridad llega, la Tierra reposa en silencio, 
cuando su Creador descansa en el horizonte. 
La Tierra se ilumina cuando te elevas por el horizonte, 
cuando brillas, como Atón, durante el día. 
Cuando lanzas tus rayos, 
las Dos Tierras lo festejan, 
los hombres despiertan y se levantan sobre sus pies, 
porque tú los has despertado; 
los cuerpos se purifican, se visten, 
sus brazos adoran tu aparición, 
el país entero se pone a trabajar, 
todos los animales pacen en sus pastos, 
los árboles y las plantas brotan, 
los pájaros vuelan más allá de sus nidos, 
mientras sus alas desplegadas saludan tu ka. 
Todas las manadas brincan sobre sus patas, 
lo que vuela y todo lo que se posa, 
vive cuando te alzas por ellos. 
Los barcos se ponen en camino tanto hacia el norte como hacia el sur, 
los senderos se abren cuando asciendes, 
los peces del río saltan hacia tu rostro, 
y tus rayos penetran hasta el centro del Gran Verde. 
Tú, que haces que la semilla crezca en las mujeres, 
que creas la semilla de las gentes, 
que alimentas al hijo en el vientre de su madre, 
que le apaciguas para calmar sus lágrimas, eres la nodriza en el seno, 
el que da el aliento 
y alimenta todo lo creado. 
Cuando surge del vientre a respirar, 
el día de su nacimiento, 
abres su boca, 
y provees sus necesidades. 
Cuando el polluelo pía en el huevo, en su cascarón, 
dentro, le das el aliento que le hace vivir; 
cuando tú le has completado, 
rompe el cascarón 
y sale del huevo, 
para anunciar su terminación, 
Caminando sobre sus patas apenas ha salido de él. 
¡Cuán numerosas son tus obras, 
aun cuando permanecen ocultas a la vista! 
¡Oh Dios Único, inigualable! 
Creaste la Tierra según tu deseo, tú, solitario, 
a todos los hombres, el ganado y los rebaños; 
cuanto existe en la tierra que anda sobre sus patas, 
todo lo que hay en el cielo que vuela con sus alas, 
las tierras de Jaru y Kush, 
la tierra de Egipto. 
Pones a cada hombre en su lugar, 
provees sus necesidades, 
todo el mundo dispone de su comida, 
la duración de su vida está calculada, 
sus lenguas difieren en el habla, 
así como sus caracteres, 
sus pieles son distintas, 
porque tú diferenciaste a las gentes. 
Creaste a Hapy en la Duat 
y lo traes según tu deseo, 
para alimentar a las gentes, 
porque las creaste para ti mismo. 
Señor de todo, que se esfuerza por ellos, 
Señor de todas las tierras que brilla por ellas, 
Atón del día, grande en Majestad. 
Haces vivir a todas las tierras lejanas, 
creaste un Hapy celeste que desciende por ellas, 
que provoca olas sobre las montañas, como el Gran Verde, 
para inundar sus campos y sus ciudades. 
¡Cuán excelentes son tus designios, Oh Señor de la Eternidad! 
El Hapy que está en el cielo para los pueblos extranjeros 
y para todas las criaturas de los países que caminan sobre sus patas, 
para Egipto, el Hapy que sale de la Duat. 
Tus rayos alimentan los campos, 
cuando brillas, viven, germinan por ti; 
hiciste las estaciones para nutrir todo cuanto has creado, 
el invierno para enfriar, el calor para que te saboreen. Creaste el cielo lejano para brillar en él, 
para observar todo aquello que hiciste. 
Tú, solo, brillando, en tu manifestación de Atón viviente, 
elevado, radiante, distante, cercano, 
creaste millones de manifestaciones de ti mismo, 
ciudades, pueblos, campos, el discurrir del río, 
porque eres el Atón del día en las alturas. 
Discurres para dar la existencia 
a los seres que has creado, 
estás sobre ellos y puedes ver su regocijo. 
Estás en mi corazón, 
no hay otro que te conozca, 
sólo tu hijo Neferjeperura Uaenra, 
a quien has mostrado tus caminos y tu poder. 
Los de la Tierra vienen a la existencia de tu mano, como tú los creas; 
cuando amaneces ellos viven, 
y cuando te ocultas mueren. 
Tú eres, tú mismo, la duración de la vida; se vive por ti, 
todos los ojos contemplan tu perfección hasta que te ocultas, 
todos los trabajos cesan cuando descansas por Occidente, 
y cuando amaneces haces que todo el mundo se mueva por el Rey. 
Cada pierna se mueve porque creaste la Tierra, 
les haces surgir para tu hijo, que nació de tu cuerpo, 
el Rey que vive por Maat, el Señor de las Dos Tierras, 
Neferjeperura El Único que pertenece a Ra, 
el hijo de Ra que vive por Maat, Señor de las coronas, 
Ajenatón, duradera sea su vida, 
y la de la Gran Reina a quien él ama, la Señora de las Dos Tierras, 
Nefer-neferu-Atón Nefertiti; que viva por siempre jamás. 







PEQUEÑO HIMNO A ATÓN 
¡Oh Atón viviente, eterno Señor, apareces resplandeciente! 
Eres radiante, perfecto, poderoso, 
grande es tu amor, inmenso. 
Tus rayos iluminan todos los rostros, 
tu brillo da vida a los corazones, 
cuando llenas las Dos Tierras con tu amor. 
Venerable Dios, autocreado, 
tú creaste todas las tierras y todo lo que en ellas existe, 
a los hombres, el ganado y los rebaños, 
todos los árboles que crecen de la tierra; 
viven cuando amaneces por ellos. 
Eres madre y padre de cuanto has creado. 
Cuando apareces sus ojos te contemplan, 
tus rayos iluminan toda la Tierra. 
Todos los corazones aclaman tu presencia, cuando te elevas como su señor. 
Cuando te ocultas en el horizonte occidental del cielo, 
se postran como si muriesen, 
con sus cabezas cubiertas, su respiración cesa, 
hasta que de nuevo te elevas en el horizonte oriental del cielo, 
y sus brazos aclaman tu ka, 
cuando nutres sus corazones con tu perfección. 
Cuando lanzas tus rayos surge la vida 
y todas las tierras lo festejan. 
Cantantes y músicos gritan de alegría, 
en el patio de la capilla benben
y en todos los templos de Ajetatón, 
el lugar de la verdad en el que te regocijas. 
Se ofrecen los alimentos en sus centros 
tu sagrado hijo pronuncia tus oraciones, 
¡oh Atón que vive en sus apariciones! 
todas las criaturas saltan ante ti. 
Tu venerable hijo exulta alegría. 
¡Oh Atón, que vive diariamente con plenitud en el cielo! 
Tu descendencia, tu venerable hijo, El Único de Ra. 
El Hijo de Ra no deja de ensalzar su perfección, 
Neferjeperura Uaenra. 
Soy yo, tu hijo, quien te sirve y quien exalta tu nombre. 
Tu poder, tu fuerza están firmes en mi corazón, 
eres el Atón viviente cuya imagen perdura, 
has creado el cielo lejano para brillar en él, 
para observar todas tus creaciones. 
Eres El Único y en ti hay un millón de vidas. 
Das el aliento de vida en sus narices para hacerlas vivir. 
Gracias a la vista de tus rayos existen todas las flores, 
todo lo que vive y brota del suelo crece cuando tú brillas. 
Los rebaños pacen abrevando de tu vista, 
los pájaros en el nido vuelan con alegría, 
y despliegan sus alas plegadas en señal de adoración. 
¡Oh Atón viviente, su creador! 










                        
    Uno de los himnos más sublimes del Rig Veda, el 129, conocido como el “Himno de la Creación”, se remonta al período cósmico más remoto concebible:

EL HIMNO DE LA CREACIÓN  

           No había inexistencia ni existencia, entonces.
           No existía la atmósfera ni el cielo que está más allá.  
           ¿Qué estaba oculto? ¿Dónde? ¿Protegido por quién?
           ¿Había agua allí insondablemente profunda?  

           No había muerte ni inmortalidad entonces.
           Ningún signo distinguía la noche del día.  
           Uno solo respiraba sin aliento por su propio poder. 
           Más allá de eso nada existía.  

           En el principio la oscuridad escondía la oscuridad.
           Todo era agua indiferenciada.  
           Envuelto en el vacío, deviniendo,
           ese uno surgió por el poder del calor. 

           El deseo descendió sobre eso en el principio,
           siendo la primera semilla del pensamiento.  
           Los sabios, buscando con inteligencia en el corazón,
           encontraron el nexo entre existencia e inexistencia.  

           Su cuerda se extendió a través. 
           ¿Había un abajo? ¿Había un arriba? 
           Había procreadores, había potencias. 
           Energía abajo, impulso arriba. 

           ¿Quién sabe realmente? ¿Quién puede proclamar aquí
           de dónde procede, de dónde es esta creación? 
           Los dioses vinieron después. 
           ¿Quién sabe, entonces, de dónde surgió? 

           ¿Esta creación de dónde surgió? 
           Quizás fue producida o quizás no.  
           El que la vigila desde el cielo más alto,
           él sólo lo sabe. O quizás no lo sabe.  


                                        
Un breve himno, el 190, proporciona una visión más sucinta y más afirmativa de la creación aunque en este el calor juegue, también, un rol primordial:  


   EL CALOR PRIMORDIAL


           El orden y la verdad nacieron del calor encendido.     

           De allí nació la noche, de allí el encrespado océano.  

           Del encrespado océano nació el año, 
           el ordenador de los días y las noches, el regidor de todo lo que parpadea.  

           El creador hizo uno después de otro al sol y a la luna  
           al cielo y a la tierra y a la atmósfera y también a la luz.